Ricky Mouse

Ricky-Rubio-celebra-victoria-SpursDebo confesar (y todo el que me conoce lo sabe) que Ricky no es santo de mi devoción. No es que no valore lo que hace, pero me parece que tiene demasiado ruido a su alrededor algunas veces injustificado. Sinceramente, creo que no es para tanto. Aunque tenga momentos en los que emana baloncesto por los poros, en los que parece que piensa mucho antes que el resto, en el cómputo global pienso que sí: está algo sobrevalorado. Y no es su culpa obviamente. O en parte sí por haber sido tan bueno desde tan joven.

Aquel Europeo Cadete fue lo que hizo que medio mundo pusiese los focos encima de su cogote. 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 robos en la final. Y un cuádruple-doble durante el torneo. Ahí comenzó todo esto que llaman “Rickycesto”. Luego lo ganó todo en Europa entre Badalona y Barcelona. En medio, un draft que le dejó quinto cuando las expectativas (por lo menos las mías), eran un pelín más altas. Tenía 19 años y no le dejaban irse. El ruido mediático de su disputa frente al Juventut no le vino bien tampoco. Luego fue al Barcelona y se consagró al lado de la estrella mágica de Juan Carlos Navarro y del poderío de Pete Mickeal.

El problema real, aunque parezca mentira, ha llegado en la NBA. Su deficiencia en el tiro es corregible y es joven para hacerlo. Pero cuanto antes mejor. Sin embargo tiene que ser duro pasar de uno o dos partidos por semana a tres o cuatro sin tempo para respirar. Se adaptó bien pero la adaptación dura lo que dura. Y entre esas, el choque con Bryant y la rodilla que decía basta. Total que adiós temporada, adiós Rookie del Año y a readaptarse una vez más. Con la temporada empezada tocaba esa readaptación. Y no debió ser fácil. Esa lesión no le quitó los focos de encima. Cada partido de Ricky se mira con lupa (y yo me considero culpable también), porque las expectativas generadas son tantas que lo demostrado hasta ahora invita al optimismo pero sigue sin ser real.

En este final de temporada parece que se destapa. Parece que se adapta. Parece que su tiro mejora, aunque también es cierto que su muñeca ha mejorado cuando ha sido lo suficientemente inteligente como para saber cuándo debe jugársela y cuándo no. No tira mucho, anota lo que debe y sigue asistiendo, robando y reboteando. Ese es el camino. Y su equipo lo va notando. Ganan y se divierten. Y el epicentro es Ricky aunque el bastión sea Love, que eso no se discute.

Este verano hay Mundial de Baloncesto. El Mundial de las retiradas. Se nos van, probablemente, los mejores de la historia de nuestro baloncesto. Pau y Navarro llegaron de la mano y de la mano se irán. Calderón probablemente diga adiós también y Marc está meditando seriamente si seguir los pasos de su hermano. Así que ahora todos pensamos que le llegó el turno. Sin más. Es el momento de coger el relevo. Hasta ahora, sus errores en la Selección se han visto mitigados por el hecho de no ser él quien llevase las riendas, por juventud y porque había otros con más responsabilidades. Ahora ya está en el centro de todas las miradas. Junto a Rudy, Ibaka, Sergio Rodríguez, Claver y compañía, tiene una misión difícil: seguir la estela de campeón de éstos tipos tan grandes. Difícil pero no imposible si Ricky Rubio se viste de Ricky Mouse y da el do de pecho.

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